Vivan los toreros como Paco.
Paco Ureña: Héroe en el homenaje a Antoñete en Las Ventas
Una semana después del final del ciclo continuado de corridas de toros en nuestra plaza de Madrid, conocida como la feria de San Isidro, los tendidos, gradas y andanadas de la capital mundial del toreo volvían a llenarse hasta la bandera para presenciar la corrida homenaje a la gran leyenda del toreo, “Antoñete”, último festejo de postín en esta plaza hasta que las árboles comiencen a perder sus hojas y el color verde sea sustituido por el marrón.Todavía con el recuerdo de una feria marcada por la desidia y la intrascendencia en la memoria de los aficionados, exceptuando la explosividad del último
Fin de semana, rompía el paseíllo a las siete en punto de la tarde. Tras el correspondiente minuto de silencio en memoria del maestro Chenel, se abría la puerta de chiqueros dando paso al primer Jandilla de la tarde, correspondiente a José María Manzanares. El animal resultó ser extremadamente manso y abanto en los primeros tercios, saliendo de la suerte nada más sentir el hierro del picador. Fue también muy parado en banderillas. No obstante, el burel sacó toda su casta en la muleta, y una vez situados toro y torero en los terrenos del tres, rompió a embestir en forma de arreones con gran violencia, típico también de los mansos. Tanto es así que en el tercer muletazo volteó a Manzanares sin mayor consecuencia. Ya lo dice el refrán, “del manso me libre Dios, que del bravo ya me libro yo”. El primer tramo de la faena tuvo interés, principalmente por la dureza de las embestidas. Luego el toro perdió fuelle y poco pudo hacer ya Manzanares, mas que dejar una serie al natural, la única de la faena, con bastante gusto. La espada entró entera y la ejecución fue buena, pero cayó muy delantera aunque fue fulminante.
Tras ver desfilar una colección de inválidos acompañados por los bueyes de Florito, salió de los corrales el segundo sobrero de El Pilar, muy protestado de salida por su pobre presentación y de penoso juego en todos los tercios. Las embestidas tristes y apagadas de semejante animalejo, némesis de la casta y la bravura que un toro de lidia debe de tener, no regaló ninguna posibilidad al alicantino, que acertadamente abrevió. No obstante, Manzanares pinchó dos veces antes de enterrar la tizona y se fue de vacío de Madrid esta primavera.
A su primer toro se fue Alejandro Talavante a recibirlo a porta gayola, en un gesto de raza torera. El toro cumplió en el caballo y se empleó en los capotes de Talavante y Ureña, que quitó sobriamente por gaoneras. En la faena de muleta, el toro regaló 30 embestidas de clase, con un gran ritmo y repetición, pero se perdieron entre la muleta de Talavante y la falta de transmisión del animal, cayendo en la intrascendencia. Una faena basada en la mano izquierda prácticamente de principio a fin y que nunca terminó de romper. Con la espada Talavante estuvo más acertado, dejando una buena estocada al segundo intento.
El quinto de la tarde cumplió con creces en el peto del caballo, destacando la gran actuación del varilarguero Manuel Cid, que recibió una de las ovaciones más destacadas de la tarde. El toro prometía, pero de nuevo las expectativas no estuvieron a la altura de la tarde, y, entre que a Talavante le costó poderle y dominarle, y que el público estaba cansado y harto tras dos soporíferas horas de festejo, aquello quedó en nada y el diestro fue reprochado por los tendidos.
Paco Ureña nunca fue un hombre demasiado afortunado. Siempre maltratado, no solo por el azar sino también por los toros y los empresarios. En el día de hoy, una vez más, tuvo que lidiar en su primer toro con un mar de embestidas sosas, mortecinas y descafeinadas. Incluso me atrevería a decir que lo más destacado de aquella faena fue el brindis al cielo en honor a Antoñete que la precedió.
Pasadas las nueve de la tarde, cuando el sol encontraba ya su ocaso en el horizonte, Ureña se encontró de bruces con el mejor toro de la tarde. Este, apretó en el caballo y cumplió en banderillas. Ya en la muleta, el astado demostró fiereza y casta, pero del mismo modo ofreció grandes complicaciones, colándose y revolviéndose en cada muletazo, sin regalar nada y vendiendo cada embestida a precio de oro. Paco lo toreó con firmeza y clase, bajando la mano y poniendo orden al torrente de fiereza que desprendía el toro. Tras un gran inicio con las plantas de los pies clavadas en el albero, se echó la muleta a la diestra y la faena comenzó a tomar mucha altura, hasta que en una colada el toro lo prendió y levantó por los aires. De nuevo víctima de su infortunio, Paco calló de una manera feísima, impactando con el cuello, y quedó inmóvil en la arena. De pronto, los oles se esfumaron y veinticuatro mil almas quedaron mudas y en vilo temiéndose lo peor. Pero si hay algo en Paco que es más grande que su mala fortuna es su raza, su casta y sus cojones. En una nueva lección de heroicidad en esta plaza, volvió al ruedo maltrecho y descompuesto, para, doblado y apalizado, ponerse otra vez delante de la cara del toro, culminar la faena como pudo y dar un estoconazo para finalizar el asunto ¿Era de oreja? ¿No lo era? Que más da, lo importante es la emoción que se vivió y la casta torera de este gran maestro. Lo más impactante de todo fue la imagen de Ureña recogiendo la oreja y dirigiéndose directo a la enfermería, cual gladiador después de haber terminado con su enemigo en una pelea épica, con el cuerpo completamente malherido y del revés, la mirada fija y el rostro lleno de dolor y honor ¡Vivan los toreros como Paco!
Ficha del festejo
Plaza de Toros de Las Ventas. Corrida In Memoriam de Antonio Chenel “Antoñete”. Lleno de “no hay billetes”. Toros de Jandilla, Vegahermosa (3°) y El Pilar (4° tris). Bien presentados, menos el sobrero de El Pilar; de pésimo juego, menos el último de la tarde.
José María Manzanares: estocada (ovación en el tercio), dos pinchazos y estocada (silencio).
Alejandro Talavante: pinchazo y estocada contraria (silencio), pinchazo y media estocada (pitos).
Paco Ureña: estocada (silencio), estocada (oreja).